Nuestra economía está completamente orientada al sector servicios. Y en este sector, más aún que en ningún otro, es fundamental la confianza que se proporciona al cliente/consumidor, probablemente porque en muchas ocasiones el servicio que se presta no está relacionado con un producto específico, que en otros sectores sería el núcleo de la relación con el cliente.
Y para dar confianza, lo más importante son las personas. La gente con la que el cliente contacta son la cara del negocio, la primera impresión y el objeto de análisis posterior.
Esto exige un mínimo esfuerzo de gestión de recursos humanos, y en muchos casos, de aseguramiento de requisitos básicos (formación y experiencia).
Llama la atención que en áreas tan críticas y sensibles como la sanidad, pasen este tipo de cosas: “El 061 admite a un perturbado que se hace pasar por médico”.Examinando la noticia se ven unas cuantas irregularidades completamente inaceptables, y que dejan la reputación de los gestores del 061 a la altura del betún:
- El perturbado está trabajando en una UVI móvil
- Durante un mes
- Hizo 2 guardias
- Ya había intentado trabajar en otros hospitales, donde le descubrieron (bien por la comunicación entre distintas áreas de sanidad, y bien por la justicia, no debe ser muy grave hacerse pasar por médico)
- No tuvo que realizar grandes intervenciones (¿entonces para qué le contratan?
En una empresa privada, el daño que recibiría la imagen de ésta sería inmenso, y supondría unos cuantos despidos y un impacto económico considerable. Es necesario que varias áreas de la Administración sean conscientes del efecto que produce la falta de confianza, es inaceptable asumir que un servicio, por ser público, puede ser más permisivo que uno privado.
Hace poco terminé de leerme el
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